Mito y rito de la “despoblación cultural” en Castilla y León

Siempre fui bastante heterodoxo. De haber militado en algún partido hubieran sido las “ligas”. Un mes con la LC y al mes siguiente con la LCR. Con la militancia de ambos grupos en Valladolid y Madrid mantenía una estrecha relación.

Hay cosas que son difíciles de tragar, son dogmas que se imponen por la fe. Estamos asistiendo a la eclosión de proclamas y programas que tienen que ver con la “despoblación” en alguna de sus múltiples facetas: nacional, regional, provincial, local.

Si vamos a la provincia de Valladolid vemos como la franja central – área metropolitana y cauce del Duero desde Peñafiel a Castronuño- mantiene población aunque baje en la capital; Tierra de Pinares, alcanza al sur del Duero fácilmente los 70.000 habitantes con una cierta pujanza debido al sector de la agroalimentación y algunos restos industriales – Olmedo, Medina del Campo- y el norte: Torozos y Tierra de Campos, comarcas con las que me siento vinculado familiarmente solo cuentan con un núcleo urbano merecedor de ese nombre: Medina de Rioseco, el resto mantienen población con mucha dificultad: Villalón, Torrelobatón, Tordehumos, Vecilla de Valderaduey, Mayorga..

La región lo tiene más crudo. Castilla y León ha perdido desde 1987 cerca de 300.000 habitantes, gobernando el Partido Popular. El resto de regiones han ganado población excepto las provincias en declive más pronunciado: Orense y Lugo muy cerca. Pero si vamos a las estadísticas nos encontramos con datos como los siguientes: CyL 26 habitantes /km2, Noruega 14 hab/km2, Canadá 4 hab/km2.

Como la RPC de esos países no admite competencia con nuestra región no abundo en esos datos. Las pirámides poblacionales también mejoran la nuestra, luego parece que hay factores de base que aquí no abordamos bien. Concretamente: bajas rentas y salarios de los habitantes y falta de estrategias para paliar el envejecimiento.

El problema sin duda es la pobreza, la falta de recursos económicos en amplias capas de la población, tanto rural como urbana, al menos en Zamora, Salamanca, Palencia, algunas comarcas de Avila, las del norte…

¿Y qué pinta la cultura en un “despoblado” como éste? Pues a eso vamos. En nuestra región se invierte en cultura una proporción del presupuesto menor que en otras cercanas – Asturias, País Vasco- Galicia- y además, de lo invertido, en la mayoría de los casos va a gastos relativos al Patrimonio, donde cualquier actuación material es muy costosa, obviamente. En el caso de la Junta CyL en una proporción 80/20 del patrimonio respecto a la actividad cultural. Hay que mantener las catedrales, sin duda, pero a los jóvenes y a las futuras generaciones hay que legarles las “nuevas catedrales”: una cultura activa y viva que vaya desde las artes tradicionales a las artes digitales, con equipamientos, programas, actividades, festivales…y no se está haciendo. Tenemos en los extremos de la región – Aranda y Salamanca- sendos festivales de música donde impera un comercialismo musical que podría ser sostenido por la propia industria con ayuda de los patrocinadores institucionales y comerciales – bebidas-. En Salamanca el FaCyL es cada año más fácil…en 2018 tiran de nostalgia y santas pascuas. En ninguno de los dos hay un apoyo explícito a los creadores musicales de la región. Y son las dos únicas manifestaciones mediáticas en este campo. Algo mejor están el Jazz y el Folk donde no se están poniendo todos los huevos en el mismo cesto – un solo gran festival- y hay una cierta variedad de artistas y formatos. Un problema es que esta variedad de artistas luego no llegan a los circuitos de teatros y auditorios de las provincias y la región con la fuerza que debieran…por lo que una vez que caen las primeras heladas se vuelve a los cuarteles de invierno del bar del amigo/a a tocar por las cervezas o a centros cívicos donde no se suele pagar a los artistas – muchas veces aficionados, pero que tienen gastos- y donde no se puede cobrar por “normativa municipal”. Las universidades destinan pocos recursos a actividad cultural…y ya es heroico que destinen algo con las restricciones presupuestarias que sufren.

Por otra parte, y ya para acabar, en la región se han puesto en marcha una serie de escuelas oficiales de música, teatro, danza, diseño, artes plásticas y visuales que cada año forman a cientos de jóvenes. Muchos de ellos, al acabar sus estudios tienen una idea, un proyecto que les gustaría llevar a cabo de forma individual o colectiva…pero no hay ningún sistema de prácticas, becas o meritoriaje que les ayude a entrar en contacto con organizaciones artísticas ya consolidadas para, al menos temporalmente, integrarse en ellas. Hace unos años un director belga en los encuentros TeVeo nos contaba como el estado allí incentivaba la entrada de jóvenes egresadxs de las escuelas oficiales bonificando fiscalmente su trabajo en colectivos y estructuras ya consolidadas.

¿No hemos sido capaces de poner en marcha algo tan elemental en Castilla y León?

¡Ya nos vale!

Señor Herrera: la “despoblación cultural” está servida.

Pérez M. A. (22 de mayo de 2018). Mito y Rito de la “despoblación cultural” en Castilla y León. Último Cero. Recuperado de https://ultimocero.com/opinion/2018/05/22/mito-rito-la-despoblacion-cultural-castilla-leon/ 

Publireportaje Cearcal y Foacal

Desde Cearcal Cyl y Foacal Cyl nos llega un publireportaje sobre la actividad artesanal en Castilla y León, donde podemos ver los diferentes ámbitos de trabajo que abarcan nuestros artesanos, como restauración de patrimonio, moda y complementos, arquitectura, artes escénicas y audiovisuales.
#SocixsGesCulCyL Félix siempre activo
Este sector crea 7.000 puestos de trabajo en el medio rural de Castilla y León. Además podemos ver las zonas de interés artesanal, reconocidas por la Junta de Castilla y León.

 

Cuando querer no es poder

De cómo la gestión compartida puede ser una dificultad para la accesibilidad.
Autora: Oliva Cachafeiro Bernal

Licenciada en Historia del Arte por la UVa. Investigadora. Educadora en centros expositivos de distintas administraciones. Comisaria. Gestora cultural. Community manager cultural. Activista en movimientos vecinales y feministas. Actualmente, coordinadora de actividades en el Museo de Arte Africano Arellano Alonso de la Universidad de Valladolid.

Eje en el cual se inscribe la comunicación

La gestión de la accesibilidad: una responsabilidad compartida.

Resumen
La influencia de la legislación local y autonómica en la accesibilidad a los centros museísticos.
El caso del Museo de Arte Africano Arellano Alonso de la Universidad de Valladolid.

Habitualmente en los congresos los museos comparten sus buenas prácticas y logros, en este caso, en el campo de la accesibilidad. Sin embargo yo quiero confesar públicamente todo lo contrario: en el Museo de Arte Africano Arellano Alonso de la UVa no hemos logrado ser accesibles. Y me refiero tanto a la accesibilidad física como a los contenidos. ¿Cumplimos realmente la máxima de que accesibilidad es hoy inclusión en todos los sentidos? La respuesta es rotunda: no. Y la mejor prueba fue realizar la encuesta planteada por PREDIF en su guía ¿Cómo organizar eventos culturales accesibles en teatros y museos? De los ítems planteados cumplimos cuatro.

Esta comunicación es pues una autocrítica y también una reflexión. Porque parte de la responsabilidad por este incumplimiento es nuestra: falta de formación, falta de recursos económicos, falta de tiempo (relegar estos temas frente a los imperativos de la gestión diaria)… Pero otras razones son debidas a la peculiar situación administrativa del Museo.

Somos una fundación privada pero adscrita a la Universidad de Valladolid y ubicada en un edificio BIC, el palacio de Santa Cruz, considerado el primer edificio renacentista de España. Esto supone que no somos autónomas a la hora de llevar a cabo ciertas actuaciones, aunque sí en cuanto a la gestión y programación, sólo sometida a la aprobación del Patronato del que dependemos.

Así cualquier intervención en nuestra sede, el palacio, debe ser autorizada primero por la Universidad misma y después por la Junta, tal y como se recoge en la Ley de Patrimonio Cultural de Castilla y León (2002). Esta ley vela por la conservación de los bienes muebles y es la que ha impedido, por ejemplo, la instalación de un ascensor en el edificio. Teniendo en cuenta que una de nuestras salas se localiza en una entreplanta y que el único acceso para personas con problemas de movilidad obliga a un largo desplazamiento y a utilizar un montacargas, esto ha supuesto la imposibilidad de disfrutar de las colecciones para muchas personas. Es imprescindible la conservación del bien, pero la ley supone una barrera (una más) infranqueable.

Otro caso es el de la publicidad exterior, no sólo sujeta a la legislación de la Junta, sino a la municipal a través de la Ordenanza de Publicidad Exterior (2013) y a la normativa del Plan Especial del Casto Histórico (PECH). De nuevo es difícil informar cuando la legislación pone trabas constantes, necesarias, pero que olvidan a un porcentaje importante de la población con alguna dificultad.

También la propia Universidad condiciona el programa informativo y los desplazamientos internos, autorizando o no la colocación de señalética adecuada en función de su propio interés por resaltar otros servicios universitarios frente al museístico.

Conclusión. La accesibilidad es cuestión de todos. Debe ser potenciada por la sociedad, las instituciones y las administraciones en una responsabilidad compartida. Pero cuando los intereses de unos chocan con los de otros las consecuencias las sufren los que más necesitan ayuda. ¿Cómo solventar estas situaciones? En ello estamos, seguimos pensando.

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