Publireportaje Cearcal y Foacal

Desde Cearcal Cyl y Foacal Cyl nos llega un publireportaje sobre la actividad artesanal en Castilla y León, donde podemos ver los diferentes ámbitos de trabajo que abarcan nuestros artesanos, como restauración de patrimonio, moda y complementos, arquitectura, artes escénicas y audiovisuales.
#SocixsGesCulCyL Félix siempre activo
Este sector crea 7.000 puestos de trabajo en el medio rural de Castilla y León. Además podemos ver las zonas de interés artesanal, reconocidas por la Junta de Castilla y León.

 

Cuando querer no es poder

De cómo la gestión compartida puede ser una dificultad para la accesibilidad.
Autora: Oliva Cachafeiro Bernal

Licenciada en Historia del Arte por la UVa. Investigadora. Educadora en centros expositivos de distintas administraciones. Comisaria. Gestora cultural. Community manager cultural. Activista en movimientos vecinales y feministas. Actualmente, coordinadora de actividades en el Museo de Arte Africano Arellano Alonso de la Universidad de Valladolid.

Eje en el cual se inscribe la comunicación

La gestión de la accesibilidad: una responsabilidad compartida.

Resumen
La influencia de la legislación local y autonómica en la accesibilidad a los centros museísticos.
El caso del Museo de Arte Africano Arellano Alonso de la Universidad de Valladolid.

Habitualmente en los congresos los museos comparten sus buenas prácticas y logros, en este caso, en el campo de la accesibilidad. Sin embargo yo quiero confesar públicamente todo lo contrario: en el Museo de Arte Africano Arellano Alonso de la UVa no hemos logrado ser accesibles. Y me refiero tanto a la accesibilidad física como a los contenidos. ¿Cumplimos realmente la máxima de que accesibilidad es hoy inclusión en todos los sentidos? La respuesta es rotunda: no. Y la mejor prueba fue realizar la encuesta planteada por PREDIF en su guía ¿Cómo organizar eventos culturales accesibles en teatros y museos? De los ítems planteados cumplimos cuatro.

Esta comunicación es pues una autocrítica y también una reflexión. Porque parte de la responsabilidad por este incumplimiento es nuestra: falta de formación, falta de recursos económicos, falta de tiempo (relegar estos temas frente a los imperativos de la gestión diaria)… Pero otras razones son debidas a la peculiar situación administrativa del Museo.

Somos una fundación privada pero adscrita a la Universidad de Valladolid y ubicada en un edificio BIC, el palacio de Santa Cruz, considerado el primer edificio renacentista de España. Esto supone que no somos autónomas a la hora de llevar a cabo ciertas actuaciones, aunque sí en cuanto a la gestión y programación, sólo sometida a la aprobación del Patronato del que dependemos.

Así cualquier intervención en nuestra sede, el palacio, debe ser autorizada primero por la Universidad misma y después por la Junta, tal y como se recoge en la Ley de Patrimonio Cultural de Castilla y León (2002). Esta ley vela por la conservación de los bienes muebles y es la que ha impedido, por ejemplo, la instalación de un ascensor en el edificio. Teniendo en cuenta que una de nuestras salas se localiza en una entreplanta y que el único acceso para personas con problemas de movilidad obliga a un largo desplazamiento y a utilizar un montacargas, esto ha supuesto la imposibilidad de disfrutar de las colecciones para muchas personas. Es imprescindible la conservación del bien, pero la ley supone una barrera (una más) infranqueable.

Otro caso es el de la publicidad exterior, no sólo sujeta a la legislación de la Junta, sino a la municipal a través de la Ordenanza de Publicidad Exterior (2013) y a la normativa del Plan Especial del Casto Histórico (PECH). De nuevo es difícil informar cuando la legislación pone trabas constantes, necesarias, pero que olvidan a un porcentaje importante de la población con alguna dificultad.

También la propia Universidad condiciona el programa informativo y los desplazamientos internos, autorizando o no la colocación de señalética adecuada en función de su propio interés por resaltar otros servicios universitarios frente al museístico.

Conclusión. La accesibilidad es cuestión de todos. Debe ser potenciada por la sociedad, las instituciones y las administraciones en una responsabilidad compartida. Pero cuando los intereses de unos chocan con los de otros las consecuencias las sufren los que más necesitan ayuda. ¿Cómo solventar estas situaciones? En ello estamos, seguimos pensando.

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Ya no arden las pérdidas.

Paulo Ito

El Efecto Dunning-Kruger es un sesgo cognitivo, según el cual los individuos con escasa habilidad o conocimientos sufren de un efecto de superioridad ilusorio, considerándose más inteligentes que otras personas más preparadas, midiendo por tanto su habilidad por encima de lo real. Este efecto,  -del que ya me advertía mi abuela-, fue demostrado en una serie de experimentos realizados por Justin Kruger y David Dunning, de la Universidad de Cornell (Nueva York, EE. UU.). Sus resultados fueron publicados en el Journal of Personality and Social Psychology de diciembre de 1999.

Pero la investigación, -se ve que financiada con fondos europeos- no quedó ahí-, y es que como ya decía un tal Parkinson a propósito de la trivialidad,  es común darle una importancia desmedida a los temas menores, lo que en la vida de las organizaciones suele traducirse en personas aparentemente laboriosas, dedicadas en cuerpo y alma -si la tienen-, a los pequeños detalles, tanto y más incapaces, cuanto más lo están para el desarrollo  de su trabajo.

La relación entre estupidez y vanidad descrita como efecto Dunning-Kruger, se basa en dos principios: Los individuos incompetentes tienden a sobreestimar sus propias habilidades y los individuos incompetentes son incapaces de reconocer las verdaderas habilidades en los demás. Antes de que estos estudiosos lo evidenciasen científicamente, Charles Darwin ya había sentenciado que “La ignorancia engendra más confianza que el conocimiento”. Mi abuela que  leía mucho a los clásicos, distinguía con Quevedo  tres tipos de tontos: el necio, que es el hombre al que se necesita tratar a fondo para descubrir que es tonto, «porque al primer toque no se puede percibir»; el majadero o mazacote, que delata su tontería con sólo comenzar a hablar; y el modorro, al que basta con ponerle los ojos encima para distinguirlo. O, como nos acerca  Juan Manuel de Prada,  teólogos como Leonardo Castellani abundan en otra hilarante clasificación atendiendo al grado de conciencia que tienen sobre su tontería: 1) Tonto a secas: ignorante; 2) Simple: tonto que se sabe tonto; 3) Necio: tonto que no se sabe tonto; 4) Fatuo: tonto que no se sabe tonto y quiere hacerse el listo; y por último el más peligroso, el  Insensato, esto es, el tonto que no se sabe tonto y encima quiere gobernar a otros.

El avance de Krugger y Dunning fue simplemente demostrar lo evidente con  un experimento consistente en medir las habilidades intelectuales y sociales de una serie de estudiantes y pedirles una auto-evaluación posterior. Los resultados fueron sorprendentes y reveladores: Los más brillantes estimaban que estaban por debajo de la media; los mediocres se consideraban por encima de la media, y los menos dotados y más inútiles estaban convencidos de estar entre los mejores.

Estos parámetros científicos  vienen al pelo para catalogar e interpretar muchas de las decisiones y desaciertos de uno más de esos jaimitos de la nada, los peores simples, los otros Ministros, todos ellos unidos en estrecho parentesco mental.Desde la pasada semana,  al menos para Hacienda, ya no arden las pérdidas. Con el poeta:

Cierro los ojos y

arden los límites

De las jaimitadas.

Alejandro N. Sarmiento Carrión

Vocal de la Junta Directiva de la Asociación de Gestores Culturales de Castilla y León

Fotografía: Paulo Ito