Excelencia, industrias culturales y creativas y precariado

Industrias culturalesRaúl Fernández Sobrino – Jefe de Área Técnica de Grupo Evento, a su vez, Secretario de GESCULCYL, nos acerca los conceptos de industria cultural y creativa como modelos basados en la excelencia.

La excelencia como modelo cultural de raíz  kantiana  ha tenido un amplio desarrollo desde el movimiento ilustrado. Ha disfrutado de popularidad en el diseño de las políticas culturales del siglo XX. Fue un concepto fundamental  en el modelo de política cultural de Ministerio de Cultura de André Malraux o en el desarrollo de las técnicas biopolíticas de  intervención e influencia en el gusto de los ciudadanos aplicadas por diversos gobiernos europeos de la segunda mitad del siglo XX.

El modelo de excelencia, a  diferencia de la concepción de las industrias culturales, está compuesto principalmente de  elementos humanísticos que colocan al creador, intérprete o artista  en el centro del ecosistema. No existen por tanto componentes económicos prioritarios en el modelo ilustrado de excelencia.

Tres fenómenos marcaron la evolución desde la excelencia a la industrialización de la cultura. Fueron  la estandarización, la seriación y la búsqueda de divertimento para las masas. Las creaciones culturales se convirtieron así en productos culturales.

Los autores de la Escuela de Francfort  lideraron en los años cuarenta del pasado siglo la crítica a la industrialización de la cultura. Defendían que la principal consecuencia radicaba en la  simplificación de los contenidos, como señalaron  (Adorno, Horkheimer: 1988):

“Durante el tiempo libre el trabajador debe orientarse sobre la unidad de la producción. La tarea que el esquematismo kantiano había asignado aún a los sujetos —la de referir por anticipado la multiplicidad sensible a los conceptos fundamentales— le es quitada al sujeto por la industria. La industria realiza el esquematismo como el primer servicio para el cliente”

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