Cuando querer no es poder

De cómo la gestión compartida puede ser una dificultad para la accesibilidad.
Autora: Oliva Cachafeiro Bernal

Licenciada en Historia del Arte por la UVa. Investigadora. Educadora en centros expositivos de distintas administraciones. Comisaria. Gestora cultural. Community manager cultural. Activista en movimientos vecinales y feministas. Actualmente, coordinadora de actividades en el Museo de Arte Africano Arellano Alonso de la Universidad de Valladolid.

Eje en el cual se inscribe la comunicación

La gestión de la accesibilidad: una responsabilidad compartida.

Resumen
La influencia de la legislación local y autonómica en la accesibilidad a los centros museísticos.
El caso del Museo de Arte Africano Arellano Alonso de la Universidad de Valladolid.

Habitualmente en los congresos los museos comparten sus buenas prácticas y logros, en este caso, en el campo de la accesibilidad. Sin embargo yo quiero confesar públicamente todo lo contrario: en el Museo de Arte Africano Arellano Alonso de la UVa no hemos logrado ser accesibles. Y me refiero tanto a la accesibilidad física como a los contenidos. ¿Cumplimos realmente la máxima de que accesibilidad es hoy inclusión en todos los sentidos? La respuesta es rotunda: no. Y la mejor prueba fue realizar la encuesta planteada por PREDIF en su guía ¿Cómo organizar eventos culturales accesibles en teatros y museos? De los ítems planteados cumplimos cuatro.

Esta comunicación es pues una autocrítica y también una reflexión. Porque parte de la responsabilidad por este incumplimiento es nuestra: falta de formación, falta de recursos económicos, falta de tiempo (relegar estos temas frente a los imperativos de la gestión diaria)… Pero otras razones son debidas a la peculiar situación administrativa del Museo.

Somos una fundación privada pero adscrita a la Universidad de Valladolid y ubicada en un edificio BIC, el palacio de Santa Cruz, considerado el primer edificio renacentista de España. Esto supone que no somos autónomas a la hora de llevar a cabo ciertas actuaciones, aunque sí en cuanto a la gestión y programación, sólo sometida a la aprobación del Patronato del que dependemos.

Así cualquier intervención en nuestra sede, el palacio, debe ser autorizada primero por la Universidad misma y después por la Junta, tal y como se recoge en la Ley de Patrimonio Cultural de Castilla y León (2002). Esta ley vela por la conservación de los bienes muebles y es la que ha impedido, por ejemplo, la instalación de un ascensor en el edificio. Teniendo en cuenta que una de nuestras salas se localiza en una entreplanta y que el único acceso para personas con problemas de movilidad obliga a un largo desplazamiento y a utilizar un montacargas, esto ha supuesto la imposibilidad de disfrutar de las colecciones para muchas personas. Es imprescindible la conservación del bien, pero la ley supone una barrera (una más) infranqueable.

Otro caso es el de la publicidad exterior, no sólo sujeta a la legislación de la Junta, sino a la municipal a través de la Ordenanza de Publicidad Exterior (2013) y a la normativa del Plan Especial del Casto Histórico (PECH). De nuevo es difícil informar cuando la legislación pone trabas constantes, necesarias, pero que olvidan a un porcentaje importante de la población con alguna dificultad.

También la propia Universidad condiciona el programa informativo y los desplazamientos internos, autorizando o no la colocación de señalética adecuada en función de su propio interés por resaltar otros servicios universitarios frente al museístico.

Conclusión. La accesibilidad es cuestión de todos. Debe ser potenciada por la sociedad, las instituciones y las administraciones en una responsabilidad compartida. Pero cuando los intereses de unos chocan con los de otros las consecuencias las sufren los que más necesitan ayuda. ¿Cómo solventar estas situaciones? En ello estamos, seguimos pensando.

Objetivos

El objetivo de esta comunicación es poner de relieve cómo en ocasiones la existencia de diversas administraciones con competencias en el campo de la accesibilidad, puede ser un obstáculo para un centro expositivo a la hora de adaptar sus espacios y contenidos.

Esta dificultad es mayor cuando se suma la dependencia del centro respecto a otra institución, junto con la limitación de recursos (humanos, económicos, formativos..), la falta de formación y la existencia de otras tareas administrativas que condicionan la disponibilidad de tiempo y energías.

Explicación

El Museo de Arte Africano Arellano Alonso de la UVa es una institución peculiar por muchos motivos. Empezando por el eclecticismo de sus colecciones, entre las que destaca no obstante la de esculturas en terracota, y objetos en otros materiales, procedentes de África subsahariana. Esto le convierte en un espacio único en toda España, tanto por la calidad y número de las piezas como por la diversidad de las culturas representadas en el mismo.

Pero también es peculiar por su origen: el deseo de unos padres madrileños de mantener viva la memoria y el amor por el coleccionismo de un hijo fallecido prematuramente. Para ello optaron por crear una “fundación” que conservara lo que habían reunido tanto él como los propios padres a lo largo de los años. Al mismo tiempo deseaban contar con el respaldo de una institución científica (una universidad), que asegurase no sólo la conservación de los fondos, sino su estudio y difusión. Así, de forma totalmente casual, la Fundación se asentó en Valladolid y las piezas fueron donadas a la Universidad de dicha ciudad, siendo ésta actualmente su propietaria. Por su parte la Universidad se comprometió, entre otras cosas y mediante el correspondiente convenio, a realizar una aportación económica anual a la Fundación y a proporcionarle una sede administrativa así como espacios expositivos adecuados (en este caso tres salas) que se ubican en el edificio histórico de la Universidad y sede del Rectorado: el palacio de Santa Cruz, considerado el primer edificio renacentista en España. Recientemente dichos estos espacios, gestionados por la Fundación, han obtenido el reconocimiento de la Junta (conforme a la Ley 2/2014, de 28 de marzo, de Centros Museísticos de Castilla y León), como “colección museográfica”, con la denominación oficial de Museo de Arte Africano Arellano Alonso de la UVa.

Y aquí llega la tercera peculiaridad. Como una Fundación que es, la Arellano Alonso se rige conforme a la Ley de Fundaciones de Castilla y León. Cuenta por tanto con autonomía de gestión, siendo sometida la misma a la aprobación y decisiones sólo de su patronato. Sin embargo, se ve condicionada en muchas ocasiones por las normas o prácticas universitarias que le afectan en distintos ámbitos. Entre ellos el de la accesibilidad.

Veamos algunos ejemplos. El único baño situado en la planta baja del patio no está adaptado, lo que imposibilita su uso por personas en silla de ruedas o con algún problema de movilidad. No cuenta tampoco con cambiador y ni siquiera se abre durante los fines de semana o festivos para evitar problemas higiénicos, al no disponerse de personal de limpieza en esos días. En este caso, aunque desde el Museo seamos conscientes de la necesidad de disponer de este servicio adaptado, no podemos llevar a cabo ninguna intervención, puesto que no es un espacio asignado a la Fundación, correspondiendo al Vicerrectorado de Infraestructuras el cumplimiento de la legislación en materia de accesibilidad algo que, de momento, no ocurre.

Otro problema es el de la ausencia de ascensor, lo cual impide acceder hasta la entreplanta (donde se localiza la denominada Sala de San Ambrosio) a personas en sillas de ruedas, con problemas para subir escaleras e incluso padres con cochecitos de bebé. La única opción en este caso es utilizar un montacargas, no habilitado para el uso de personas específicamente, situado en el parking interior del palacio de Santa Cruz. Para llegar a él, sin embargo, hay que rodear el edificio, recorrer una calle peatonal, solicitar al Colegio Mayor anejo que abran un portón y esperar a utilizarlo de forma individual (su capacidad está limitada a una persona en silla de ruedas sin acompañante). A ello se suma que de nuevo sólo está en uso en días laborables y durante el período lectivo, ya que los fines de semana los conserjes del edificio no trabajan y por seguridad se evita la entrada al parking. De esta manera estamos señalando aún más a las personas que precisan de este recurso para acceder a la sala, ya que tienen que entrar por otra puerta distinta el resto de visitantes y que, además, es la de emergencia. Es decir, los usuarios con algún tipo de condicionamiento físico se ven privados de disfrutar de una colección de obras de Camerún únicas pero, algo no menos importante, están siendo señalados como “los diferentes”.

En este caso la responsabilidad no es de la Universidad, sino que deriva de la declaración del Palacio como BIC en el año 1955, debiendo cumplirse pues la legislación en materia de protección del patrimonio (tanto la nacional como la de Castilla y León). Ello implica una serie de restricciones importantes a la hora de acometer cualquier obra en el mismo, con el fin, loable e imprescindible, de preservar la integridad y la esencia de la fábrica original. Sin embargo añade un obstáculo más para muchas personas que se ven privadas de su derecho a disfrutar del arte africano, único y peculiar, así como de algunas de las actividades complementarias que organiza el museo (presentaciones de libros, cuentacuentos, conciertos de pequeño formato, exposiciones temporales…) y que se desarrollan en la misma sala de San Ambrosio.

La Ley de Patrimonio Cultural de Castilla y León protege también el entorno de los edificios históricos. Esta circunstancia condiciona otro aspecto: el de la información dispuesta fuera de nuestra sede. Tanto esta Ley como la Ordenanza de Publicidad Exterior del Ayuntamiento de Valladolid determinan qué tipo de soportes pueden colocarse delante de la fachada del palacio (imprescindible destacar que está fechado a finales del siglo XV). En este caso se limita a un soporte vertical metálico y a una banderola con datos generales (nombre del Museo, horario de apertura y régimen de entrada). Sólo contamos con una banderola porque las otras cuatro están reservadas a diversas instituciones universitarias. Así que en este caso nos encontramos con tres administraciones (la cosa se complica) que condicionan nuestra publicidad exterior. La consecuencia es la constante queja de los visitantes respecto a la escasa información y señalización en la zona de acceso. No vamos a hablar ya de si ésta es fácilmente comprensible: no lo es ni cumple ningún criterio vinculado a la accesibilidad de contenidos.

Esta circunstancia se repite en el interior del edificio. De nuevo la legislación prohíbe clavar, o colocar determinados soportes informativos que no se adapten a una estética concreta, pero además la propia Universidad quiere en ocasiones dar prioridad a otros servicios ubicados en el edificio (hay que recordar que alberga la sede del Rectorado y de los Vicerrectorados de la Universidad de Valladolid, además de la biblioteca histórica), frente a los museísticos, e impide la disposición de una señalítica adecuada y suficiente que permitiría a los visitantes localizar fácilmente y de forma comprensible las salas de exposición en el palacio.

Dentro de los espacios museísticos sí se ha procurado lograr una accesibilidad universal, siempre que los visitantes hayan sido capaces de salvar los dos tramos de escaleras que conducen a la sala San de Ambrosio. Por ejemplo, tras la reforma llevada a cabo en 2009/2010, los recorridos cumplen con las medidas necesarias para permitir el acceso y la circulación de personas en sillas de ruedas; se cuenta con bancos para el descanso y, donde es necesario, hay elevadores para que los más pequeños puedan ver el interior de las vitrinas.

Pero además de todo lo citado, y aquí viene la autocrítica, aún nos falta mucho por hacer desde el propio Museo. En este caso las razones fundamentales son dos: la falta de formación del personal y los recursos económicos. En el primer caso, estamos intentando subsanarlo a través del contacto con asociaciones y colectivos de personas con diversidad de cualquier tipo (física o psíquica), como es el caso de PREDIF (Plataforma Representativa Estatal de Personas con Discapacidad Física), ASPAYM Castilla y León (que trabaja para mejorar las condiciones de vida para personas con discapacidad en general y lesión medular en particular) y Fundación INTRAS (dirigida a personas con enfermedad mental grave). Hablamos con ellos y aprendemos de ellos escuchando sus necesidades reales, sin intermediarios. De momento hemos empezado realizando actividades conjuntas. Unas veces llevamos reproducciones de nuestras piezas a sus propios espacios (cuando el desplazamiento es imposible, el museo es el que se traslada) y otras veces son ellos los que han mostrado en nuestras salas sus trabajos como un modo de difundir y normalizar su presencia en la sociedad. Ya estamos pensando en el siguiente paso, en el que serán estos colectivos los que decidan qué quieren hacer, teniendo como punto de partida el arte africano, para organizar las actividades que realmente ellos quieren y necesitan.

La falta de formación afecta igualmente al material didáctico que se puede consultar en las salas (cartelas, paneles informativos, señalética, hojas de sala…). En su momento, aunque toda la información se elaboró bajo un criterio didáctico, optándose por un lenguaje accesible para todo tipo de visitantes y por contenidos concretos que ayudasen a estos a acercarse a las culturas africanas, los materiales no se adaptaron específicamente a personas con algún tipo de discapacidad intelectual ni física (problemas de visión por ejemplo). Con el fin de solucionar este aspecto en la próxima reforma de las salas (al menos en dos de ellas) se van a tener en cuenta las necesidades de estos colectivos, por lo que se optará por la lectura fácil y se colocarán cartelas y hojas de sala también en braille.

A pesar de estas deficiencias, sí contamos, sin embargo, con siete reproducciones de algunas de las esculturas más representativas de nuestra colección. Son piezas a escala que reproducen fielmente no sólo las formas, sino las técnicas de modelado de las originales y fueron pensadas para personas con deficiencia visual. Posteriormente se decidió exponerlas dentro de una de las salas (Salón de Rectores) para que no sólo ellos, sino cualquier persona pudiera tocar con sus propias manos una auténtica terracota africana, apreciando no sólo sus volúmenes sino las diferentes texturas tan representativas de los diferentes estilos artístico de África subsahariana. El espacio “Permitido tocar, obligado sentir”, se ha convertido así en una excepción dentro de nuestro museo y de la mayoría de los museos, donde se repite la palabra “prohibido”.

La segunda razón de nuestra autocrítica, la escasez de recursos económicos, es más difícil de solucionar. La Fundación se financia fundamentalmente gracias a la aportación económica de la Universidad de Valladolid, la cual puede a su vez variar en función de los presupuestos anuales de la misma. Aunque se consigue financiación externa para la realización de algunas actividades concretas, no existe una partida específica para la política de accesibilidad, siempre dependiente de la disponibilidad de fondos y siempre relegada frente a las necesidades imprescindibles de conservación de las colecciones y de gestión administrativa.

Ante estas problemáticas, de momento sólo podemos comprometernos a solucionar la primera, continuando con nuestra formación y apostando por el compromiso con la accesibilidad universal. La financiación es un problema que afecta actualmente a la mayoría de las instituciones y que se presenta más difícil de superar.

Continuaremos intentando además compatibilizar nuestro trabajo y nuestros esfuerzos en pro de una accesibilidad para todos y todas, con las obligaciones impuestas por la Universidad y con las limitaciones recogidas en las legislaciones municipales y autonómicas. Hacemos propósito de enmienda en la parte que nos toca y seguimos adelante ¡a pesar de todo!

Conclusiones

En ocasiones los centros museísticos de pequeño formato y dependientes de otras instituciones no cuentan con la libertad suficiente para poder llevar a cabo todas las medidas que serían imprescindibles para asegurar el acceso de todas las personas a sus espacios y a sus contenidos. Cuando a ello se suma la falta de recursos económicos y humanos, así como la falta de formación adecuada, la situación se complica.

Frente a ello la única opción es hacer autocrítica sobre lo que podemos, y debemos, solucionar e intentar eliminar las deficiencias buscando soluciones alternativas en la medida que sea posible, respetando siempre la legislación y sus limitaciones.

La formación, la búsqueda constante, el entusiasmo, la curiosidad y la empatía pueden ayudar. ¡Fomentémoslas!

Bibliografía
  • CACHAFEIRO BERNAL, Oliva, Plan museológico del Museo de Arte Africano Arellano Alonso de la UVa, [documentación interna], 2017.
  • ESPINOSA RUIZ, Antonio y BONMATÍ LLEDÓ, Carmina (eds. científicos), Manual de accesibilidad e inclusión en museos y lugares del patrimonio cultural, Gijón: TREA, 2013.
  • PREDIF, ¿Cómo organizar eventos culturales accesibles en teatro y museos? [publicación electrónica], Madrid: Real Patronato sobre Discapacidad, Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, 2017[Consulta: 15/04(2018].
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  • Ley 2/2014, de 28 de enero, de Centros Museísticos de Castilla y León [en línea],  [Consulta: 5/04/2018]

*Más información en: congresoaccesibilidad